Responsabilizarse del sindicato
Artículo guerrillero de banderas, cócteles molotov y barricadas
en los teatros.
Que nooo, es bromaaa. Aunque puede que me vaya por esos
derroteros, ya sabéis que improviso los textos a partir del título.
Últimamente me asalta la siguiente duda.
Yo insisto, cada vez que empiezo un taller de impro regular
nuevo, en que haremos una muestra de final de trimestre. Creo que es una forma
excelente de ver qué nos ocurre cuando hay un público que nos observa, cómo los
procesos creativos tienen en cuenta la audiencia, y cómo los nervios me afectan
a la hora de improvisar. Es imprescindible pasar por ello.
Pero en ocasiones no puedo evitar pensar que quizá estoy
lanzando a los escenarios un espectáculo de impro que, animado por la
adrenalina de sus intérpretes novatos, arrancará actuaciones en salas de
pequeño formato, fiestas o teatros. Qué sé yo.
No quiero quitarle mérito a los alumnos, insisto que salir a
escena sin nada preparado exige ya de por sí un riesgo que no todo el mundo
está dispuesto a asumir. Pero realmente la impro no sólo exige riesgo, exige una
preocupación por lo que estoy contando, exige un análisis del contenido de nuestro
show que nos haga contar algo más allá de ese “salimos sin guion”.
Por supuesto, una muestra de alumnos no deja de ser eso. Una
muestra. No se cobra entrada, el público son familiares y amigos, y nadie te
exige nada más allá de pasar un buen rato. Por eso me obsesiono con hacerles
entender la importancia artística de lo que hacen. Porque si nos limitamos a
crear compañías de improvisadores novatos y lanzarlos a los escenarios, no nos
estamos responsabilizando del sindicato.
Es decir, estamos permitiendo que grupos de alumnos entren
en competencia directa de compañías con años de trayectoria. ¿Y acaso no
pueden? ¡Sí, claro que pueden! No sólo es decisión suya actuar o no actuar en
un festival, habrá intermediarios con criterio para decidir si programar o no,
espero. Pero sabemos que a menudo una buena venta supera un buen espectáculo. Y
ni siquiera lo de “buen” es algo objetivo, lo sé. El caso es que desde la
propia impro experimentada, ya sea como intérpretes, como profesores o incluso
como público, debemos ser críticos. La impro merece que la veamos con lupa, que
le busquemos defectos y que sepamos distinguir un show con pretensión artística
de un grupo de aficionados que, con todo el derecho y con todas las ganas, se
lanza al escenario sin guión.
Ser críticos es responsabilizarse del sindicato impro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario