domingo, 1 de diciembre de 2019

¡No, pero me gustaría verlas!


¡No, pero me gustaría verlas!


Hace unos instantes había titulado a este artículo “El Freno de Mano”. Qué ironía de la vida que por el efecto freno de mano que yo mismo he acuñado, lo he cambiado por el clásico “¡No, pero me gustaría verlas!”.

Este suceso enmarca lo que os quiero contar. Prometo brevedad.

Algunos lo conocen como “venderse al chiste”. Yo lo llamo efecto Freno de Mano.

Estoy en escena, sin guion. Conduzco yo, ergo debo hablar, debo enseñar lo que sé hacer, el público me mira, soy el responsable de los que viajan conmigo en el coche... Y con ese pensamiento resonando, nos olvidamos de escuchar, no vemos la carretera. ¿Cuál es el recurso que, lejos de escuchar, reafirma nuestras capacidades y nos permite atajar por la senda de la aprobación del público?

El maldito chiste.

Volantazo. “¡No, pero me gustaría verlas!”. El público estalla de risas y mi compañero de escena, copiloto, pone cara de frenazo durante un aplauso que se le antoja eterno. Si el conductor decide salirse de la autovía que ambos construimos y tomar la salida chiste, suele ser el único que no es capaz de ver que, justo detrás de esa señal hay un cartel de carretera cortada.

El humor forma parte de la propia ejecución de la impro. De alguna mágica manera que ya analizaremos, trabajar en dirección a una buena narrativa siempre deja paso a chistes. Pero trabajar en dirección al chiste es conducir con el Freno de Mano puesto:

No imposible, pero incómodo para los que van en el coche con nosotros.



viernes, 15 de noviembre de 2019

La Teoría Tobogán


Teoría Tobogán

Es por muchos conocidos esta constante referencia al Presente de la improvisación. A mi humilde entender, una codificación reduccionista de lo que viene siendo ESCUCHAR.

Percibo que a menudo el presente es un cebo para misticismos que buscan más allá de lo que son los ya de por sí intrincados y preciosos procesos mentales de la impro. ¡Y he aquí una teoría que pretende arrojar algo de luz (o no…) a este laberinto de chorradas que trata de conectar sus caminos para encontrar sentido a la imbecilidad colectiva! (qué bonito, releyéndolo)

La Teoría del Tobogán.

Imaginemos el llamado PRESENTE como un tobogán por el que se deslizan las ideas. No es una escalera mecánica, ordenada y metódica. Tampoco es un tercer piso con caída al vacío. Ni un suelo llano donde las fuerzas físicas tienen límites de fricción y resistencia. Es un tobogán, con suficiente apoyo para tocar con los pies a superficie sólida, pero con gran ayuda de la inercia y gravedad. Las ideas llegan al cerebro con gran impulso, aceleradas por la mágica gravedad de la escena, o PRESENTE. Alcanzan la ejecución y ahí aparece el recurso improvisador. Instalación, revelación, personaje… ¿Qui lo sa?

¿Qué sucede a continuación? El tobogán finaliza su recorrido y toma un instante para sentarse a ver dónde o cómo cogerá impulso esta vez. Y a poco que nos asomemos a lo que creemos que es un rellano, vemos una nueva pendiente. ¡Allá que nos lanzamos! ¡El tobogán es (o al menos puede ser) infinito, sorpresa!

Entonces… Si mis decisiones provienen de decisiones anteriores… Ha habido una decisión primigenia. Y si hay una decisión primigenia, ¿en qué se ha basado, si aún no había empezado la impro? ¿En un presente externo a la impro? ¿Entonces qué es el presente?

El presente no resta valor a la decisión. Van de la mano. Puedo dejarme llevar en la superficie deslizante y vertiginosa del tobogán, pero debo tomar la decisión de impulsarme.

Al tiempo que DECIDO, VIVO.


viernes, 1 de noviembre de 2019

Hablar es improvisar. ¿Os habéis fijado?


Hablar es improvisar. ¿Os habéis fijado?

- Y nada, estaba con la chica esta de Tinder, y era la primera vez que nos veíamos eh. Ella invitó a todo, estábamos ya algo borrachos, y antes de que se fuera me vi capaz y me lancé. Nos empezamos a enrollar a saco, la gente mirando pero no nos importaba… Y de repente noto que me agarra fuerte de la camiseta y te lo juro, me aparto un segundo para mirar, y justo en ese segundo la tipa se agacha y se pone a vomitar como una loca junto al coche. En serio, chorrazo de vómito en la acera. Me libré por segundos.

Esta es una clásica anécdota decadente estándar de ciudad. La que estas deseando contar a 3 o 4 colegas, pero no más.

He tratado de fluir en escritura, dejando que aparezcan los errores y conservándolos, tal como hacemos al hablar. Ha habido algo de caos, pero una cosa es segura: sabía cómo iba a terminar esta historia desde el principio. Exactamente igual que alguien a quien ya le hubiera sucedido esto.

Ahora el mismo texto despojándolo de un componente. Averiguad cual:

- Por el suelo te lo juro. Me fue de poco. Ella invitó a todo. Me agarra fuerte de la camisa de repente. De Tinder, estaba borracha. Y me paré un segundo, eso ahí junto al coche. Vomitando como una loca. Yo borracho también. Y enrollándonos, porque yo me lancé a saco. Me libré por segundos. Con la chica esta, la gente mirando pero que va, nosotros pasando. Por el suelo todo.

¿Se entiende? Se hace uno una idea, pero telita.

¿De qué he despojado al texto? De orden narrativo.

Nosotros hablamos fieles a la inmediatez de las palabras, pero siguiendo instintivamente un orden narrativo que facilita la comprensión al receptor del mensaje. ¿No os explota la cabeza? A mí tampoco, pero me alucina igual.

Seleccionamos nuestras palabras con una espontaneidad que nos hace difícil creer que no sea absolutamente improvisado. Tendemos a pensar: este tío tiene instinto para hablar bien, para narrar sucesos. O bien: qué desastre, te dispara un dato por aquí y se te escapan tres por allí, no hay quien le entienda.

Pero la verdad es que las personas no se comunican con un instinto mágico del presente, sino que desarrollan unos buenos recursos narrativos de manera consciente hasta que los guardan en el cajón del subconsciente, si quieres llamarlo así. ¿Cómo? Escuchando. Comprendiendo a sus receptores y empatizando con ellos.

Esos recursos son tan poderosos, que a mí me ha costado más trabajo escribir el segundo texto que el primero. He tenido que pasar por el aro de la consciencia aprendida para comprender la subconsciencia.

Y eso amigos, es IMPROVISAR.

Aprender normas dramatúrgicas para contar en escena una historia que sea entendible para el público. Sin normas, el show de impro es un cúmulo de gilipolleces una tras otra que quizá, si no eres público exigente, te hace pasar un rato divertido.

Pero por poco exigente que seamos como público, nos damos cuenta de cuando alguien se comunica bien, o está haciendo gilipolleces.

¡Ordena tu impro!



martes, 15 de octubre de 2019

Principio de Impro-tropía


Principio de Impro-tropía

En termodinámica, la entropía mide el número de microestados compatible con el macroestado en equilibrio.

Con este reduccionismo anti-científico sacado de las 4 primeras líneas de un artículo de Wikipedia, me agarraré para explicaros brevemente lo que he llamado:

EL PRINCIPIO DE IMPRO-TROPÍA



Cabe destacar que formo parte desde hace 4 años de la compañía Improtopía, y en los espectáculos definíamos la Improtopía como la utopía improvisada. Es decir posibilidades frente a experiencias. El gato de Shrodinger en la caja de títulos de público. Aunque sólo sea por sonoridad he querido mencionarlo.

Entiendo la Impro-tropía como la tendencia natural al caos de una improvisación. Lo vemos claramente en alumnos novatos con su habitual tendencia al acople en propuestas, en vez de la complementación de propuestas.

Ejemplo:

A - ¡Muajaja! ¡Voy a dominar esta ciudad con mi rayo potenciador!

B – ¡Si, venga! ¡Dominemos la ciudad!

Macroestado A: villano quiere dominar la ciudad.

Microestado B: presento mmm ¿ayudante? ¿Con el mismo objetivo? Pero no complemento propuesta A… No sé…

A una dramaturgia con motores de historia colocados estratégicamente, le convendría a un momento así un personaje con intereses contrarios que permitiera el conflicto y condujera a la resolución (principio que funciona, no norma que se cumple). Pero el alumno novato, fiel a lss iniciaciones impro-trópicas, se acopla con simple efecto espejo a una propuesta ya definida, convirtiendo a un personaje en dos con los mismos intereses. Poco práctico…

Entonces ¿La impro-tropía es mala?

No es mala, pero no permite contar una historia si en el escenario sólo hay caos impro-trópico. La impro-tropía se combate con buenas decisiones improtúrgicas. He aquí el principio de esta dualidad. Caos y orden, impro-tropía e improturgia.

Y como siempre, la impro dándonos una buena lección: no conduce a buenas ideas apoyarse en uno sólo de los principios. Ambos son necesarios para que nos beneficiemos no de su victoria, sino de su diálogo.

martes, 1 de octubre de 2019

A ver quién la tiene más long


A ver quién la tiene más long


Al igual que pasa en derecha e izquierda en política, la aparición y auto declaración de su ubicación en el espectro de un nuevo partido desplaza el resto de espectro político. Ejemplo: ¡Ese nuevo partido es de extrema derecha, ergo nosotros somos la auténtica izquierda ahora! ¡Pues nosotros somos centro, por lo tanto ellos que ya estaban antes siempre han sido la extrema derecha!

Qué mal ejemplo, por favor. No se me ocurre nada que tenga menos que ver con impro que la política. Algún día me explicaré más. Lo que quiero decir es que me da la sensación de que la aparición del llamado LONG FORM (relámpagos) ha desplazado toda la impro anterior a su versión SHORT. Oséase “los jueguitos” “chistecitos” o el “bienvenidos esta noche nos vamos a reír mucho…”.

El long form ha entrado en escena barriendo a su portal multitud de conceptos que una vez más, han pasado al terreno de la “impro digna”, convirtiendo la que ya existía hasta ahora en el temido entretenimiento vacuo. Mira qué seriedad, cuánta verdad, qué dignidad, qué presente, menuda trascendencia… Y todo sin haberlo preparado previamente. Uau, qué intenso. Me encanta el teatro.

- No es sierto, el long form también admite fantasía y humor.

Por supuesto, entiendo que ningún gran maestro o diseñador de impros quiere arrebatar el vehículo expresivo del humor a la improvisación, aunque sea como un recurso más. Pero carajo seamos sinceros, ¿Cuántas long form hemos visto donde prime el humor como vehículo expresivo de espectáculo? ¿De dónde sale esa extraña decisión de reinventar la impro despojándola de su característica más intrínseca, que es lo gracioso de la espontaneidad? ¿Cómo han conseguido quitarle trascendencia al resto de la impro sólo porque uno de sus objetivos sea la risa? Eso lo primero.

Lo segundo, las ahora mal llamadas “short form” han dividido el espectro en “ellos y nosotros”. La realidad es que debería haber un “nosotros” en cada compañía, y un “ellos” como todas las demás compañías del mundo. Que cada compañía encuentre su método y lo bautice con el nombre que le quiera dar. Asignar el término long form a un estilo concreto es cerrar puertas y ventanas a la exploración. K-boom.

Resolución: La riqueza no está en que cada compañía busque su lugar en el espectro, sino que cada compañía tenga su propio espectro. En alas de la libertad y lo genuino de la impro.

Por favor, no ubiquemos nuestras impros en una categoría que viene con un pack de normas escénicas incorporado. No hay nada menos impro que eso.

Él nunca lo haría.

domingo, 15 de septiembre de 2019

La teoría del telesilla


La teoría del telesilla

No he tardado ni un minuto a abrir el documento en blanco de Word para escribir esta teoría relámpago que me ha venido a la cabeza, inspirado por lo que veo ahora mismo desde la ventana de mi apartamento en Andorra.

(Lo cual por otra parte me hace dudar de su trascendencia y al mismo tiempo me hace pensar que toda metáfora vale cuando hablamos de impro. ¿Por qué será? Ahondaremos en ello más adelante)

Veo ahora mismo uno de los telesillas de la estación de esquí Grandvalira, con cantidad de asientos suspendidos en cables. Es junio y la montaña está verde, la estación de esquí cerrada. Pero mi mente no descansa, oigan.

¿Y si improvisar fuera como un ascenso en telesilla y descenso en esquí?

Al empezar una impro, ves cómo se acercan los asientos. ¿Habéis intentado sentaros en uno mientras los ves acercarse? Siempre es tenso. Temes caerte y no sabes ni cómo coger el material, hasta que el mismo asiento te empuja y PUM ya estas sentado. Primer obstáculo superado.

Ahora la maquinaria (PROL) te sube poco a poco hasta la cima. Si es buena maquinaria y no hace demasiado viento, el telesilla te llevará hasta dónde quieres, pero siempre da vértigo ver el suelo a 20 metros bajo tus pies, y no dejas de pensar en lo que pasaría si cayeras.

Pero todo va bien, el PROL te lleva a la cima. Y con sus premisas sólidamente instaladas, ya solo queda equiparte con expansiones a lo ancho y largo (esquís) y lanzarte ladera abajo viendo cómo todo avanza solo. Cuidado no te caigas, pero aún cayendo, la propia inclinación te lleva hasta el final para que puedas volver a coger el telesilla.

¿Y por qué alguien querría tirarse por una montaña a toda velocidad? 

Seguramente por el mismo motivo que alguien querría improvisar en escenario.


domingo, 1 de septiembre de 2019

La Hazaña de Orden y Caos


La Hazaña de Orden y Caos

- Cuenta la leyenda, que el gran capitán improvisador salió al balcón de la torre del homenaje, y bajo la tormenta pre-estrena y ante los ejércitos, recitó el siguiente discurso:

Caballeros de los distintos órdenes, se os ha citado en este escenario para una misión. Tiempo ha vuestros maestros os instruyeron en distintos mandatos que hoy os diferencian. Caballeros del Orden y Caballeros del Caos.

Nuestro Lord Johnstone, gran y recursivo maestro que solemos citar en el Improboratorio, definía la impro como un hombre que camina hacia atrás. Ve el camino transitado pero no el que transitará, por lo que puede basarse en los accidentes del terreno, pero no puede predecir con exactitud lo dónde va a pisar. Dicho esto:

Caballeros del Orden:

Vuestros son los dominios de la decisión consciente. Tomáis la determinación de narrar estructuras dramatúrgicas que hacen frente a los instintos naturales escénicos. Sois desafiantes, conocéis bien los secretos narrativos, sabéis lo que una historia necesita. Vuestro es el valor del virtuosismo intelectual, con honor levantáis el estandarte del reino más erudito de la impro.

Caballeros del Caos:

En vuestra gloria está la recepción inmediata. El juego del presente, el verdadero lienzo en blanco que precede a la historia. Sin vosotros no existiría interpretación en la impro, seríamos solo cuentacuentos recitadores. Vuestra es la responsabilidad de la labor espontánea, la naturalidad, y la verdadera esencia de lo que significa no saber qué es lo que sucederá.

Poco sois unos sin los otros. No sirve el Orden sin un Caos que lo haga estar vivo. No sirve el Caos sin un Orden que se ponga en el lugar del público. Así que yo os digo: Caballeros, sólo hay un modo de ganar esta batalla en escenario que se presenta ante nuestros ojos. No luchéis unos contra otros. Uníos. La victoria no será cierta, pues nunca lo es. Pero la batalla será hermosa y la gente pagará por verla.

Y así, uniendo los Caballeros del Orden y el Caos, hicieron frente al espectáculo de impro.

- ¿Y ganaron, abuela?

- No, Timmy. Porque de todas las artes escénicas, la impro sigue siendo la más jodida.

- ¡Cuéntamela otra vez!

- Si lo repites ya no es impro. Un vasito de whiski y a dormir.