miércoles, 1 de febrero de 2023

Responsabilizarse del sindicato

 

Responsabilizarse del sindicato

Artículo guerrillero de banderas, cócteles molotov y barricadas en los teatros.

Que nooo, es bromaaa. Aunque puede que me vaya por esos derroteros, ya sabéis que improviso los textos a partir del título.

Últimamente me asalta la siguiente duda.

Yo insisto, cada vez que empiezo un taller de impro regular nuevo, en que haremos una muestra de final de trimestre. Creo que es una forma excelente de ver qué nos ocurre cuando hay un público que nos observa, cómo los procesos creativos tienen en cuenta la audiencia, y cómo los nervios me afectan a la hora de improvisar. Es imprescindible pasar por ello.

Pero en ocasiones no puedo evitar pensar que quizá estoy lanzando a los escenarios un espectáculo de impro que, animado por la adrenalina de sus intérpretes novatos, arrancará actuaciones en salas de pequeño formato, fiestas o teatros. Qué sé yo.

No quiero quitarle mérito a los alumnos, insisto que salir a escena sin nada preparado exige ya de por sí un riesgo que no todo el mundo está dispuesto a asumir. Pero realmente la impro no sólo exige riesgo, exige una preocupación por lo que estoy contando, exige un análisis del contenido de nuestro show que nos haga contar algo más allá de ese “salimos sin guion”.

Por supuesto, una muestra de alumnos no deja de ser eso. Una muestra. No se cobra entrada, el público son familiares y amigos, y nadie te exige nada más allá de pasar un buen rato. Por eso me obsesiono con hacerles entender la importancia artística de lo que hacen. Porque si nos limitamos a crear compañías de improvisadores novatos y lanzarlos a los escenarios, no nos estamos responsabilizando del sindicato.

Es decir, estamos permitiendo que grupos de alumnos entren en competencia directa de compañías con años de trayectoria. ¿Y acaso no pueden? ¡Sí, claro que pueden! No sólo es decisión suya actuar o no actuar en un festival, habrá intermediarios con criterio para decidir si programar o no, espero. Pero sabemos que a menudo una buena venta supera un buen espectáculo. Y ni siquiera lo de “buen” es algo objetivo, lo sé. El caso es que desde la propia impro experimentada, ya sea como intérpretes, como profesores o incluso como público, debemos ser críticos. La impro merece que la veamos con lupa, que le busquemos defectos y que sepamos distinguir un show con pretensión artística de un grupo de aficionados que, con todo el derecho y con todas las ganas, se lanza al escenario sin guión.

Ser críticos es responsabilizarse del sindicato impro.



domingo, 15 de enero de 2023

Espontaneïdad < reflexión

 Espontaneïdad < reflexión

Ah, el clásico título reduccionista. Esto es más que aquello, esto viene antes que eso otro, esto es mejor que lo de más allá… Ojalá el mundo fuera una cajonera numerada, claro. Pero me temo que pocas cosas funcionan de esta forma matemática, y mucho menos en las artes, y mucho menos en la impro.

Tenía una nota puntada, muy mal escrita seguramente debido a una idea incendiaria que me asaltó andando por la calle durante el curso, que ponía: odo el mundo sabe ser espontanro, pero no tofo el munfo se atreve a asomarse a sus abismos para ver qué hay alli para compartir con el publico y darle identidad a au creacion.

Eso decía.

Traducción para dummies: Ser espontáneo es una capacidad que todos tenemos, pero no todos tenemos la capacidad para analizarnos a nosotros mismos y poner en escena aquello que encontramos.

Voy a matizarlo porque no estoy de acuerdo conmigo mismo.

Creo que sí, todos tenemos la capacidad para ser espontáneos y comprender esa exigencia escénica de la impro. Y creo también que todos tenemos la capacidad para darle vueltas a nuestra propia naturaleza del ser, convertirlo en una propuesta escénica e imprimirle carácter a lo que sea que hagamos con nuestra impro, que buena falta le hace.

¿Hay alguna de estas dos cosas que sea más difícil que la otra? Pues no creo. Conozco artistas que han trabajado en producciones teatrales profundas, con guiones que ter atraviesan el alma, pero que se les hiela la sangre al enfrentarse al vacío de la impro y no comprenden que todo va de descubrir y ser espontáneo.

Y desde el otro extremo de la calle, conozco improvisadores con gran facilidad para descubrir y sorprenderse, pero con poco interés para contar algo más allá de su juego de impro.

Quizá el camino artístico que le da valor a la impro como disciplina teatral está en el movimiento de balanza de estos dos valores. Somos los pesos que la hacen oscilar. Siempre inclinaremos más hacia un lado o el otro, pero nuestra responsabilidad común es hacerlo oscilar y trabajar en el que nos pese menos para equilibrarnos.

 


domingo, 1 de enero de 2023

Goma elástica de las propuestas

 

Goma elástica de las propuestas

Venga, una metáfora rápida de las que os gustan.

Las propuestas en impro son como una goma elástica.

Si el compañero no la agarra, no vamos a poder estirarlas.

Cuanto más estiro, más puedo recorrer.

Si estiro demasiado, se puede romper una propuesta.

Hay que saber tensar en la medida justa para disparar la siguiente escena.

Y si no has podido disparar con ellas, siempre puedes usarlas para cerrar un plato de pollo a l’ast.



jueves, 15 de diciembre de 2022

El Milagro de la Personalización

 

El Milagro de la Personalización

No son pocos los bolos que acumulo entre todas las compañías que han puesto la impro al servicio de una fiesta privada. Hay quien podría pensar que tener que ceñirte a la info privada que te proporcionan de un cumpleañero, una pareja, una despedida o una fiesta de empresa concreta, podría cercenar la libertad de la impro. Pero lo mismo sucede al escribir poesía cuando los versos deben rimar en consonante y seguir una estructura silábica específica en A B B A. Las normas son plataformas de creación, no límites.

Dicho esto.

Mi reflexión es acerca de cómo el público recibe que (en este caso) dos desconocidos se presenten a tu sala de fiestas, jardín o restaurante, y se pongan a representar personajes de tu vida viviendo locas aventuras a las que solo la impro puede dar vida.

Me remito a una actuación reciente para un grupo de colegas que celebraban la despedida de soltero de su amigo. La información que teníamos era escasa, así que nos permitimos proponer personajes nuevos, espacios locos y situaciones imaginarias. Y así lo hicimos.

Surgió inesperadamente una trama sobre su novia, sus amigas, relaciones, citas, etc. Los clichés de “amiga contra novio de su amiga” volaban por doquier. Risa del público, todo genial. Pero dentro de nosotros resonaba un: esto no forma parte de la info que nos han dado.

Al terminar el bolo, uno de los comentarios que nos dedicaron después de los agradecimientos y felicitaciones fue: no sabéis cuanto os habéis acercado a la realidad.

¿En serio?

La teoría que de aquí se desprende es: no sé si realmente nos acercamos a la realidad tanto como el público cree. Yo más bien diría que tener a dos desconocidos hablando sobre su vida, hace que como público actives una serie de conectores narrativos surgidos de una premisa inconsciente: estos dos actores realmente no saben de lo que hablan. Por lo tanto, todo lo que improvisan es una sugerencia, y como tal, tu cerebro la interpreta tendiendo puentes entre la realidad de tu vida y la realidad de la escena. De manera que dentro de tu experiencia, tú terminas de completar lo que ellos proponen con tus vivencias reales y tu memoria. ¿El resultado? El convencimiento de que lo que han improvisado se acerca muchísimo a la verdad, ¡cuando no es así ni por asomo!

Ojo, no trato de quitarle mérito o gracia, estoy seguro que debe ser genial asistir como público a un show en el que tú eres el protagonista. Pero me hace pensar en cuánto nos dejamos seducir por las formas narrativas clásicas, los clichés de sitcom o las estructuras dramatúrgicas que apelan a comportamientos sociales. Quizá es que en cualquier forma de comedia, por liviana que sea, si es buena es que hay una comprensión profunda del alma humana.



jueves, 1 de diciembre de 2022

Recomendación – Murderville

 

Recomendación – Murderville

Ya sabéis que de vez en cuando me gusta recomendar alguna movida, y si puedo enlazarlo con impro mejor que mejor.

Esta vez vengo con Murderville, en Netflix. Una serie de 6 capítulos en la que en cada capítulo entra un invitado especial interpretándose a sí mismo, pero al que no le han dado el guión. De manera wue debe seguir la corriente de los demás actores, que lo “ayudan” a interpretar a su personaje. La trama siempre es la investigación de un asesinato.

Mira, qué risa, de verdad.

El descojone que he sufrido me ha hecho pensar algo.

Hay recursos fáciles para asegurar el tiro en una propuesta audiovisual, especialmente en Netflix, la cuna del palomiteo doméstico. Sexo, violencia y subversión son las normas de la pantalla fácil. Pero me cuesta comprender por qué la espontaneidad no lo es. Ver una risa sincera de alguien que está fuera de lugar, que abandona la ficción involuntariamente y lo vemos a él, sin máscaras, riendo de la verdad del momento… Por favor. No hay nada más auténtico.

Os juro que no puedo evitar mearme vivo cuando veo un actor riéndose en escena. Y Murderville ha sido un hallazgo en esa dirección. Por favor si sabéis de más productos que muestren eso mismo, hacédmelo saber.



martes, 15 de noviembre de 2022

Curso recursado – Viu el Teatre

 

Curso recursado – Viu el Teatre

Estuve yendo a un curso de 30 horas desde la plataforma Viu el Teatre de Barcelona. Fue una gran experiencia estar rodeado de docentes, puesto que mi mundo es más artístico y no tanto la enseñanza. Cada día recibimos 5 horas de formación en distintas disciplinas escénicas y me llevo muchísimas armas para afrontar el curso que viene.

Quería señalar aquí algo interesante.

Hace ya unos 12 años que terminé de estudiar en Timbal, la escuela donde me formé. Hay muchas cosas que calaron y me sigo acordando, pero hay otras que tenía olvidadas y que reflotaron en el transcurso de esas 5 sesiones.

Es el caso de los ejercicios de un taller titulado “la poética del moviment”. Consistente, entre otros varios ejercicios, en dejarte inspirar por una frase y un objeto, y tratar de descubrir una pequeña propuesta de movimiento que reflejara un camino entre ambos.

Qué difícil, colega.

Volvieron a venirme todas esas sensaciones olvidadas, esas voces de profesores diciéndome: lo estás pensando demasiado, planificas mucho, tienes que estar en el cuerpo, olvídate de la cabeza.

Me di cuenta que finalmente, después de aquellos 3 años de clases en los que me machacaron con este tipo de mensaje que nunca dominé del todo, pude dedicarme a un teatro que me permitió poner la atención en la cabeza y descubrir a través de una plataforma narrativa, no abstracta. Personajes figurativos, escenas que cuentan cosas concretas y guían al público por un sentido. No esos números de instinto metafísico que se esfuerzan para apartar las capacidades cerebrales y marginar la búsqueda de sentido.

Parece que me refiera a ellos con desprecio pero no, eh… Fue guai.

 



martes, 1 de noviembre de 2022

Limoneo consolidado

 

Limoneo consolidado

Contra todo pronóstico, cuando ya creía que las posibilidades estaban cubiertas y el recorrido laboral ya había alcanzado una cierta estabilidad, este verano 2022 Impro con Limón ha experimentado un nuevo nivel de reflexión que por primera vez siento que me adelanta, a pesar de estar yo dando la cara y trabajando en los espectáculos. Me explico.

Hemos tenido varias actuaciones en entornos muy dispares, pero con algo en común: ninguno de ellos esperaba lo que sucedería cuando nos contrataban.

Pongo como ejemplo una actuación en CosmoCaixa, Barcelona. Unas 150 personas en el público. Sala de actos elegante. Empresa dedicada a la investigación de enfermedades. Ambiente solemne. Lejos de adaptarnos al ambiente, salimos a arrollar con nuestro estilo propio, arriesgando en las propuestas, yendo diez pasos más allá y tratando al público como a nosotros nos gustaría que nos tratasen en un show que a nosotros nos gusta. No sin miedo por mi parte, puesto que a menudo la solemnidad o seriedad de un evento se contagia y te coarta la impro.

Pues bien, éxito absoluto. La risa del público iba más allá de la diversión. Era asombro de estar viviendo aquel derroche de burrada y buen rollo. Conclusión: vuelta a casa pensando ¿cómo puede ser que nos paguen por esto? Imposible que se esperaran eso. Ahí voy: nosotros tampoco lo esperábamos.

Creo que lo que se contagia de la espontaneidad impro es la capacidad de sorprendernos mutuamente. Sucedió lo mismo en bolos posteriores en ambientes igual de formales con bolos igual de arriesgados: centro de discapacitados, boda, entrega de premios de teatro…

Un ambiente concreto te predispone. Si eres capaz de sobrevenirlo, te vas a sorprender de tal forma que el público entrará en tu mundo de sorpresa, autenticidad y diversión. Y serán tuyos.

Así creo que nos hemos formado un nuevo concepto de lo que es el limoneo este verano. A ver qué nos depara el año que viene.