lunes, 1 de mayo de 2023

Romper la quinta pared

 

Romper la quinta pared

Me desplazo nuevamente a las aulas (ya veis que últimamente estoy más en enseñanza que en show) y os traigo este concepto de la quinta pared que me enseñó Toni Navarro, uno de los pioneros de la impro en España junto con Carles Castillo, valencianos ambos.

Romper la quinta pared en clase (como yo entiendo el concepto que él me prestó) es atravesar la barrera que la ficción impone al terminar de vivir la ficción. Es decir, cuando el alumno termina de interpretar un personaje, se produce un momento de juicio por el trabajo realizado. No es tan sencillo salir de escena y volver a la misma vida que tenías hace 5 minutos, hay unos instantes en los que esperas una valoración, una conexión con el profesor o los compañeros que te permita edificarte un criterio sobre lo que acabas de hacer. Ese rato es incómodo, seamos claros.

La quinta pared es esa barrera de juicio. Si la rompes con tus alumnos, se sentirán libres de entrar y salir en la ficción sin preocuparse por cómo los vemos, cómo lo han hecho o si son buenos o no. Es importante porque en impro no hay que tratar de hacerlo bien. Si levantamos una quinta pared, aumentan las competencias, se crea un clima de trabajo distante, virtuoso o individualista, se aboca la clase al fracaso.

La quinta pared sólo sirve, en cualquier caso, para monográficos de actores profesionales de alma fría, impertérrita y dura que quieran dedicarse a televisión o a grandes producciones carentes de alma. Es una puta mierda, vaya.

 


sábado, 15 de abril de 2023

La Señora Potter no es Exactamente Santa Claus

La Señora Potter no es Exactamente Santa Claus

Ayer por la noche terminé de leer este libro, y lo tengo fresco para hacer una analogía entre mi experiencia con la novela y la impro.

Debo decir que en pocas palabras, no ha sido satisfactoria.

Esta novela de 600 páginas es una historia de trama coral, con multitud de personajes de nombres complejos y trama enrevesada. Ahora, esta descripción hiperbolízala (¿existe esa palabra?) en tu cabeza, y te sale lo que es la novela en realidad.

Cuando digo multitud de personajes, es que te da la sensación de estar leyendo una novela de 800 personajes. Cada uno de ellos tiene como 3 nombres, y es nombrado por los demás personajes de formas distintas cada vez. Incluso alguno de ellos tiene otras identidades y por lo tanto es más personajes en sí mismo. En la página 300, siguen presentándote personajes nuevos cuando hace ya rato que no recuerdas los anteriores. O te siguen instalando formas nuevas de referirse a cada uno de ellos. O incluso te nombran personajes animales con nombres muy parecidos a los de los personajes principales. Te ves envuelto en un tornado de información confusa que te exige estudiar, más que leer. Sinceramente, yo no he sido capaz de entender qué me quería contar esta novela.

Y es frustrante, porque me gusta.

Sí, amigos. Laura Fernández tiene un estilo genial, divertido, fantasioso y muy bien perfilado en un rollo cartoon a medio camino entre una serie de looney toons y Fargo. Hace cosas con la literatura que yo antes no había leído, te desbloquea posibilidades artísticas y te sumerge en un mundo propio que es fascinante, sin duda.

Pero… no he sido capaz de entender nada.

Mi nivel de frustración se disparó ayer por la noche cuando me faltaban 100 páginas y hacía ya 300 que no entendía quién era quién en esa novela. Fue como conocer a una persona interesante, atractiva y muy inteligente, pero que no te escucha, no piensa en ti y no te tiene en cuenta para nada. Si no te acuerdas quien era este personaje que se nombró hace 250 páginas con otro nombre, allá tú. ¡Yo sigo a lo mío! Qué rabia…

¿Podría ser que esa misma sensación la tuviera algún tipo de público con la impro? Esa sensación de ver algo meritorio, con capacidad corporal, narrativa, cómica, escénica… Pero incapaz de seguir la trama. ¿La gente mayor, quizá? Creo que se ha escrito algún artículo en este blog sobre la relación tercera edad + improvisación, y en experiencia personal, debo decir que en general no ha sido buena (con excepciones).

Creo que leyendo la Señora Potter me he sentido un poco como una persona mayor viendo impro. Reconozco el mérito, es agradable de ver y descubro algo totalmente nuevo. Pero no he sido capaz de pillar ni una sola cosa. No sabría explicar de qué iba el show.

 


sábado, 1 de abril de 2023

Target de talleres de festivales. ¿Qué onda?

 

Target de talleres de festivales. ¿Qué onda?

Este post analiza una situación relativa concretamente al ámbito barcelonés de la impro, vaya eso por delante en todas las próximas reflexiones que se sobrevendrán.

He sabido que en una de las últimas iniciativas de festival de impro que con tanto orgullo se anuncian en Barcelona, hubo algo de pinchazo de asistencia. Es una lástima, la verdad. Como asociado al gremio uno quiere que vaya bien, que los compañeros llenen salas y talleres y que la impro rompa el establishment que tiene en esta ciudad para empezar a enseñar al público que hay más impro aparte de la que todos ya conocemos.

Pero en este intento de festival, tengo entendido que no funcionó. No a nivel de show sino de algunos de los talleres que se organizaban.

Y mi reflexión es:

¿Realmente hay público en Barcelona para llenar talleres?

No me miréis a mí, yo me apuntaría a todos si pudiera. Los que ya he hecho, incluso (véase el post del aprendizaje tridimensional). Pero me temo que, si el público asistente a shows de impro en ocasiones ya está conformado por un amplio porcentaje de improvisadores, los que asisten a talleres son aún más escasos y no por falta de interés sino por segmentación.

Temo que eso signifique que haya mucha impro que sirve más a los intereses de intérpretes que prefieren estar en el escenario para que los vean, que no ver a quien sube al escenario. Yo, permitidme la falsa humildad, prefiero estar en el escenario porque la impro me paga el alquiler, tengo menos margen de elección (y una buena excusa)…

Pero cuando mucho público entra en la impro prefiriendo el escenario que la platea, no es bueno. Se instrumentaliza para satisfacer egos, se vacían los talleres por falta de interés artístico, y se saturan las salas de ensayo de grupos de improvisadores sedientos de aplausos.

Digo esto y ni siquiera estoy seguro de que sea lo que está sucediendo. Pero quizá si no sucediera, el taller de impro se hubiera llenado.

Estoy siendo catastrofista, pero se me entiende ¿no?

 


miércoles, 15 de marzo de 2023

Cada uno a su ritmo

 

Cada uno a su ritmo

Retomo un artículo que ya escribí llamado Curso recursado – Viu el Teatre para reflexionar sobre una de las sesiones que tuvimos con el profesor Santi Serratosa, percusionista, músico-terapeuta i tallerista de percusión corporal.

El contenido del taller no tenía mucho más recorrido que una serie de ejercicios de ritmo, colaboración, lateralidad y música. Sencillo, pero fascinante el nivel de concentración que se adquiere cuando estás en el cuerpo, y lo mucho que percibes las fluctuaciones de atención cerebral. El ciempiés que se da cuenta que tiene cien pies y no puede caminar.

Pero no es eso lo que quería comentar.

La filosofía de Santi en sus clases fue fascinante. Su capacidad para comprender a los alumnos y la forma en que defendía aquello que todos los profes queremos defender tanto, la máxima de: cada uno a su ritmo, con sus capacidades y sus posibilidades. Sí, por supuesto. Pero también quieres como profesor que sigan tus indicaciones, que el grupo trabaje a una y que todos sientan que avanzan. ¡Pues no!

El taller de Santi estaba pensado para que cada uno trabajara literalmente a su ritmo, sin correcciones, sin detener la clase y sin poner ejemplos.

Identifiqué una forma de impro, pero en otro sistema. En mis clases yo no suelo salir a improvisar. No quiero que tomen como ejemplo una impro propia y que traten de imitarme. Quiero que trabajen a su ritmo, con sus posibilidades y sin tratar de “hacerlo bien”. No hay impro mala, hay posibilidades y niveles de implicación.

Lo que todos podemos ofrecerle al profesor es la implicación y pasión, pero las posibilidades no las elegimos. Por eso toda impro es buena.

Es un alivio ver a grandes profes que te confirman que vas por buen camino. ¿O igual es que me he convertido en uno de mis alumnos que está deseando verme improvisar para “hacerlo bien”? Mierda…

 


miércoles, 1 de marzo de 2023

Otra impro escrita

 

Otra impro escrita

Os traigo un ejercicio de impro escrita en el que me propongo, ya que me hallo en estos momentos en un lugar en el que no suelo trabajar, hacer que en la siguiente impro aparezcan tantos objetos como sea posible que me rodean ahora mismo. Allá voy.

El señor Oso estaba asombrado. Jamás se había producido un asesinato de estas características en Potus Town. La sangre seca goteaba por las paredes. La señora Ratón estaba destrozada en el suelo del comedor, junto al ventilador.

-          ¿Quién ha podido hacer algo así? – se preguntaba el señor Oso, que hacía ya años que ejercía como inspector en Potus Town y jamás había contemplado algo de ese calibre.

Subió a su coche-sopera y cruzó la ciudad rumbo al club Sofá Rojo. El dueño, un duende de sombrero verde, lo recibió con el ceño fruncido mientras fregaba un vaso.

-          ¿En qué puedo ayudarle, inspector Oso?

-          La señora Ratón ha muerto. Y tengo motivos para pensar que el responsable solía tomar aquí. ¿Dónde está Grotus Hojalarga, el comerciante de ventiladores?

El duende de sombrero verde alzó la vista de la jarra que limpiaba. Varios clientes hicieron silencio y fijaron la vista en el inspector Oso.

-          Grotus Hojalarga se fue de esta ciudad. Hace tiempo que no pisa el Sofá Rojo. Ni lo queremos por aquí. Será mejor que pregunte en Nevera City.

El inspector Oso salió del local clavando la mirada en los clientes, desafiando. Tratando de decir: sí, yo encontraré a Grotus y terminaré con el asunto de los ventiladores. Ya han muerto demasiadas personas.

Nevera City era un lugar inhóspito. Era de noche y de día al mismo tiempo por hallarse en un punto cardinal muy extraño. Allí no había este ni oeste. Podía salir el sol y de repente nevar en un atardecer, todo al mismo tiempo. Uno no podía estar tranquilo en Nevera City. El inspector Oso se adentró en los suburbios de Nevera City, lo que los lugareños conocían como El Congelador. En esos momentos, un sol radiente brillaba tras una niebla helada de mediodía. Muy loco.

-          Vaya vaya, si es el inspector Oso – dijo una voz grave y húmeda tras él.

Oso se volteó echando la mano sobre su arma, una calabaza seca calibre 30. Era Mono, el famoso compinche de Grotus Hojalarga que había conseguido burlar la ley hasta entonces.

-          Mono, ¿dónde está Grotus?

-          Yo siempre he sido Grotus!

-          ¿Queeeee?

Oso disparó su calabaza y las pepitas atraverason el hombro de Mono mientras éste trataba de desenfundar su helecho Colt 47. Salió la luna junto a la otra luna llena en el Congelador, aquella mañana en Nevera.

Así cayó Grotus Hojalarga de la mano del inspector Oso. Lo que no sabía es que en la otra punta de la ciudad, en Pasilloburgo, un nuevo ventilador se cobraba otra vida. La caza no había hecho más que empezar…

 


miércoles, 15 de febrero de 2023

Aún sin conocer nada…

 

Aún sin conocer nada…

Hace poco escuchaba en un podcast sobre comedia algo como: Pepe Rubianes no conocía conceptos como set up, punch line, bit, open mic… Y aún así los utilizaba y están presentes en sus monólogos.

Pues sí, amigos, volvemos a hacer un poco de retrospectiva hacia años pasados de las artes escénicas para comprender esta afirmación. En este caso proviene del gremio de stand up, que parece que ha empezado por la puerta de atrás del teatro y de repente descubre que hay un escenario con focos. Sí, bienvenidos a las artes escénicas, monologuistas. Lo que hacéis es teatro.

Por supuesto que Pepe Rubianes usaba estos conceptos que vosotros conocéis y él no. Porque vosotros les habéis puesto nombre a cosas que no sólo Rubianes usaba, sino incluso ya los actores shakespearianos y las tragedias griegas.

Lo mismo le ocurre a la impro. Recordemos que la commedia dell’arte era improvisada. Y estoy seguro que los actores se escuchaban, sumaban, evitaban negar, hacían brillar al compañero y practicaban con ejercicios que hoy en día seguimos usando.

De la misma forma, los señores de las cavernas de Atapuerca usaban pinturas para dibujar los bisontes en las paredes de la cueva, tal como hoy en día Banksy la usa para sus murales en Camden.

No es que todo haya sido ya inventado, es que nunca se ha inventado nada. Todo ha estado ahí siempre esperando que, como mucho, le pongamos un nombre.

  


miércoles, 1 de febrero de 2023

Responsabilizarse del sindicato

 

Responsabilizarse del sindicato

Artículo guerrillero de banderas, cócteles molotov y barricadas en los teatros.

Que nooo, es bromaaa. Aunque puede que me vaya por esos derroteros, ya sabéis que improviso los textos a partir del título.

Últimamente me asalta la siguiente duda.

Yo insisto, cada vez que empiezo un taller de impro regular nuevo, en que haremos una muestra de final de trimestre. Creo que es una forma excelente de ver qué nos ocurre cuando hay un público que nos observa, cómo los procesos creativos tienen en cuenta la audiencia, y cómo los nervios me afectan a la hora de improvisar. Es imprescindible pasar por ello.

Pero en ocasiones no puedo evitar pensar que quizá estoy lanzando a los escenarios un espectáculo de impro que, animado por la adrenalina de sus intérpretes novatos, arrancará actuaciones en salas de pequeño formato, fiestas o teatros. Qué sé yo.

No quiero quitarle mérito a los alumnos, insisto que salir a escena sin nada preparado exige ya de por sí un riesgo que no todo el mundo está dispuesto a asumir. Pero realmente la impro no sólo exige riesgo, exige una preocupación por lo que estoy contando, exige un análisis del contenido de nuestro show que nos haga contar algo más allá de ese “salimos sin guion”.

Por supuesto, una muestra de alumnos no deja de ser eso. Una muestra. No se cobra entrada, el público son familiares y amigos, y nadie te exige nada más allá de pasar un buen rato. Por eso me obsesiono con hacerles entender la importancia artística de lo que hacen. Porque si nos limitamos a crear compañías de improvisadores novatos y lanzarlos a los escenarios, no nos estamos responsabilizando del sindicato.

Es decir, estamos permitiendo que grupos de alumnos entren en competencia directa de compañías con años de trayectoria. ¿Y acaso no pueden? ¡Sí, claro que pueden! No sólo es decisión suya actuar o no actuar en un festival, habrá intermediarios con criterio para decidir si programar o no, espero. Pero sabemos que a menudo una buena venta supera un buen espectáculo. Y ni siquiera lo de “buen” es algo objetivo, lo sé. El caso es que desde la propia impro experimentada, ya sea como intérpretes, como profesores o incluso como público, debemos ser críticos. La impro merece que la veamos con lupa, que le busquemos defectos y que sepamos distinguir un show con pretensión artística de un grupo de aficionados que, con todo el derecho y con todas las ganas, se lanza al escenario sin guión.

Ser críticos es responsabilizarse del sindicato impro.