martes, 1 de agosto de 2023

Brillar

 

Creo que en general, estamos esquivando una buena bala en la impro. La bala de los codazos y los egos. En su forma inicial y más básica, la impro enseña cortesía, generosidad y humildad. No pasa mucho tiempo en escena hasta que nos damos cuenta de quien no sigue estos pasos, y enseguida sentimos una punzada de vergüenza ajena cuando vemos un improvisador pisoteando, acaparando o robando foco a destajo por unas migajas de ego. No obstante, no suelo toparme con eso más allá de los alumnos de primer año, y aun apenas en ellos (almenos yo particularmente).

Desglosemos a los alumnos para identificar tendencias:

Niños de 5 a 10 años – Más que estar al servicio de su ego, están al servicio de su participación. Creen que deben salir a escena, aunque no sea protagonizándola. Suelen comprender cuándo no es el momento de hablar, pero quieren sí o sí formar parte de la impro cuando ven que todas las ideas son válidas mientras se defiendan. No es ego, son ganas de juego.

Adolescentes de 11 a 16 años – Por norma general, no se llevan bien con su ego. Sienten que hay algo dentro de ellos que les obliga a defender sus ideas, sus percepciones y su espacio personal, pero no se trata tanto de brillar. Son los reyes de la negación y el conflicto, porque han descubierto recientemente que en mundo es más hostil que cuando tenían 5 años. Son personas indefensas a las que se les acaba de dar un cuchillo y lo usan a discreción.

A partir de 17 – Ni siquiera diferencio los que entran voluntariamente a estudiar y a los que no, porque la tendencia es exactamente la misma. En general, veo una relación de tira y afloja con su ego. Existen ya aquí los que realmente luchan por brillar, y los que se esfuerzan para que no se los vea, en ambos casos un sistema de defensa de la individualidad.

La magia de la impro es que desde el primer momento entendemos que la lucha contra nuestro ego, sea en la forma que sea, no tiene lugar cuando se trata de hacer brillar al otro. Como oí decir: si brillan los demás, brillas tú. Si brillas tú, no siempre brillan los demás.




sábado, 15 de julio de 2023

La originalidad es para la gente sin imaginación

 

La originalidad es para la gente sin imaginación

 

Escuché la frase del título en un podcast recientemente. Por lo pronto, le advierto dos aproximaciones opuestas en referencia a la impro.

QUERER ser original, no es serlo. Tratar de encontrar perlas es perseguir un resultado abandonando el proceso. Y como siempre digo, el resultado ocupa el 1% del total del tiempo. El otro 99% es dedicación. En una balanza, por supuesto sale más a cuenta que el 99% sea disfrute, por muy bueno que sea ese 1% de perlas. Además, nadie te garantiza que vayas a encontrarla.

Por otro lado, huir deliberadamente de ideas originales y dejar a un lado las aproximaciones distintas o disidentes en cualquier creación, puede no conducirte a contar algo realmente genuino. Puede hacerte caer en tópicos, redundancias o ocurrencias sin ingenio ni visión particular. Sobretodo porque en impro no hay tiempo de trabajo de mesa ni preparación de contenido. En cuanto a originalidad, dependes del hecho de conocerte a ti mismo y ser honesto en escena.

En resumen, en impro traduciría esta afirmación a:

La originalidad es para la gente que se imagina a sí misma.




sábado, 1 de julio de 2023

Qué ironía tan cruel

 

Qué ironía tan cruel

Sólo quiero lanzar una corta reflexión aquí que de vez en cuando se me ocurre.

Ha arrancado en los últimos años una movida impro en Barcelona de la que nos podemos sentir orgullosos. Recordemos que durante tiempo aquí la única impro estuvo en el mismo teatro durante años, y nadie pudo arrebatarle el trono. Eso, por una parte nos hizo un gran favor educando al público en lo que era la impro. Por otra parte, nos hizo un flaco favor educando al público en lo que era la ÚNICA impro. Como si en un teatro se representara el mismo Hamlet durante 30 años. Se convirtieron en un establishment de impro autosuficiente.

Últimamente se han arrancado proyectos, se organizan fiestas y hay una comunidad interesada en explicar más cosas con la impro y compartir algo más de público, cosa de la que todos nos beneficiamos.

Pero ocurre algo con los que hemos conseguido (y aún no sé ni cómo) dedicarnos a la impro profesionalmente atravesando esa jungla de monopolio.

Me da la sensación que están aprendiendo más los que tienen la impro como un extra en su vida, que no los que la tenemos como trabajo.

Es una cuestión puramente logística. Cuando se organizan la mayor parte de shows y talleres interesantes, nosotros estamos actuando en otros sitios. Hasta el punto de no poder asistir a ni un solo acto de un festival por tener bolos por toda Catalunya durante varios fines de semana seguidos.

Llega un momento que uno piensa: si sólo trabajo de esto y no puedo formarme o experimentar otras cosas que no sea mi trabajo ¿No me estaré convirtiendo en el nuevo establishment autosuficiente de la impro?



jueves, 15 de junio de 2023

Vuelta a la expansión horizontal

 

Vuelta a la expansión horizontal

Os quiero hablar de un momento epifanía que tuvo lugar en una muestra del año pasado.

Alumnos con 1 solo curso de experiencia que se enfrentaban a un formato long form que creé expresamente para representarse aquel día. Llevábamos ya semanas practicando las impros a 4 o 5 en escena, todo genial. Días mejores, días más duros. Pero comprendieron bien lo que se pedía en una long form y estaban preparados para hacer algo muy digno.

Empieza la impro, estilo cine noir, inspectores, policías, mafiosos, bares… Evidentemente, alumnos sin demasiada experiencia así que se percibía una alerta extra, una rigidez que respondía a tener un público presente. Nada grave, forma parte del proceso y siempre les digo que es necesario pasar por eso para alcanzar el nivel óptimo de espontaneidad que la impro requiere.

En un momento dado, se instaló un espacio tipo comisaría. Previamente se había hablado de aquella comisaria, un lugar sucio y dejado con un comisario descrito como “un gilipollas”.

Cambio de escena, vamos a esa comisaría. La propia indeterminación de aquel espacio, pero al mismo tiempo la idea acertada del mismo, les permitió desarrollar a continuación una expansión horizontal que, al no requerir un empuje hacia arriba de trama, les dejó espacio para disfrutar un momento verdaderamente hilarante en el que no pasó nada que tuviera que ver con trama, y fue genial.

El comisario lanzando botellas de wiski contra las paredes sucias, policías que trataban de ayudar a su jefe siendo completos inútiles, todo absolutamente decadente y desastroso. Exquisito. Entra el protagonista, el inspector. Diálogo de expansión entre ellos dos, manteniendo el personaje y aparcando por momentos la trama. Público descojonándose. Fue una expansión en horizontal de manual.

Me refrescó ese concepto. A veces hace falta dejar la trama a un lado, hace el simple ejercicio de recordar lo que se ha dicho, y disfrutar de las tonterías que amplían la historia. Al final, si este artículo lo dedico a algo, no es a la trama que se explicó, que ni siquiera recuerdo ya. Es a ese momento especial en el que no pasaba nada, y pasaba de todo.

Expandid más vuestras impros en horizontal.

 


jueves, 1 de junio de 2023

¿Hoy cuantos somos?

 

¿Hoy cuantos somos?

Los que habéis improvisado sabéis que el número de intérpretes en escena es un valor a tener muy en cuenta a la hora de afrontar un espectáculo. ¿Lo habési hablado alguna vez?

Hemos tenido este verano varias actuaciones en las que de repente fuimos 4 o 5 en escena, acostumbrados a ser 2.

De entrada, para mi el número perfecto es 3. 2 instalan, y si presentan un tercero, éste ha escuchado todo y entra con propuesta acertada. No hay opción ni tampoco prisa o estrategia de que no se pisen héroe + villano, enamorados o personajes complementarios. Pero a partir de 5 intervienen para mí nuevos factores que pueden jugarte muy a favor si los subrayas antes de empezar la actuación, o muy en contra si entras en modo 3 siendo 5.

Es la corporalidad, el apoyo visual de la escena. Las tramas de 5 improvisadores requieren coralidad. Personajes al mismo nivel que juegan a eso mismo, a que son varios representando 1. No hablo de 1 solo personaje literal, sino 1 solo rol de personaje, un solo arquetipo. Por ejemplo pareja de gemelos como protagonistas, o los vecinos indignados de un bloque de pisos, o una banda de gatos músicos en un callejón. Lo que sea, pero en grupo.

Aquí interviene también la corporalidad. Buscar foco bonito, construir cuadros interesantes… La trama pasa a compartir podio con lo visual del espectáculo, la escucha se multiplica y el silencio y la escucha aumentan de 1% en un show a 2 improvisadores, hasta un 80% en un show de 5. En pocas palabras: es más importante saber cuándo NO salir.

Resumen de tips para aquellos que actuéis a 5 o más en escena:

1-      Los protas compartidos van juntos toda la impro. Alerta si se separan.

2-      Si no hablas durante 10 minutos seguidos, no pasa nada. Estás ayudando.

3-      Atrévete a salir a representar un objeto. Es visual, gracioso, y abres posibilidades para tus compañeros.

4-      Las voces en off no se disimulan. Úsalas con todo el morro sin salir a escena.

5-      Si coincidís varios en escena, trata de explicar lo máximo que puedas hablando lo mínimo que puedas.

6-      Cuidado con el reparto de roles. Tener muchos personajes concretos no necesariamente ayuda si no tenemos muy presente el punto 2.

 

 


lunes, 15 de mayo de 2023

Cosa muy personal

 

Cosa muy personal

Mirad, a mí si un compañero no me sorprende, yo no soy capaz de sorprender al público. Tengo que aceptar que es así.

Se ha hablado en este blog ya sobre la capacidad de sorprenderse en escena, y cómo cuando ésta tiene éxito, el público impro se sorprende contigo. Está claro.

Pero ya sabéis, esas actuaciones con poco público, o con un público al que prejuzgas, o con alguien conocido entre ellos... Esos inputs que te conforman un prejuicio que debes sortear como sea, o sino no serás capaz de alcanzar ese estado de espontaneidad necesario para la impro.

Vale, pues yo sólo no soy capaz de eso. Lo juro.

Necesito compañeros que estén más locos que yo, necesito payasos augustos que tiren de mi carablanca, y a partir de eso yo confiaré en nuestra capacidad para aceptar y seguir, jamás pisaré una propuesta por un prejuicio de situación de bolo. Pero os aseguro que si no tengo quien tire de mí, yo no soy capaz.

Quizá por eso las clases me están funcionando, porque se me da bien ofrecer una plataforma para que los demás brillen a su manera.



lunes, 1 de mayo de 2023

Romper la quinta pared

 

Romper la quinta pared

Me desplazo nuevamente a las aulas (ya veis que últimamente estoy más en enseñanza que en show) y os traigo este concepto de la quinta pared que me enseñó Toni Navarro, uno de los pioneros de la impro en España junto con Carles Castillo, valencianos ambos.

Romper la quinta pared en clase (como yo entiendo el concepto que él me prestó) es atravesar la barrera que la ficción impone al terminar de vivir la ficción. Es decir, cuando el alumno termina de interpretar un personaje, se produce un momento de juicio por el trabajo realizado. No es tan sencillo salir de escena y volver a la misma vida que tenías hace 5 minutos, hay unos instantes en los que esperas una valoración, una conexión con el profesor o los compañeros que te permita edificarte un criterio sobre lo que acabas de hacer. Ese rato es incómodo, seamos claros.

La quinta pared es esa barrera de juicio. Si la rompes con tus alumnos, se sentirán libres de entrar y salir en la ficción sin preocuparse por cómo los vemos, cómo lo han hecho o si son buenos o no. Es importante porque en impro no hay que tratar de hacerlo bien. Si levantamos una quinta pared, aumentan las competencias, se crea un clima de trabajo distante, virtuoso o individualista, se aboca la clase al fracaso.

La quinta pared sólo sirve, en cualquier caso, para monográficos de actores profesionales de alma fría, impertérrita y dura que quieran dedicarse a televisión o a grandes producciones carentes de alma. Es una puta mierda, vaya.