miércoles, 1 de diciembre de 2021

No hay que darle al público lo que quiere

 Eso mismo.

No hay que darle lo que quiere.

Hay que darle lo que necesita.

A un niño de 6 años no le gustan las verduras. Prefiere chuches. Pero necesita verduras.

Ejempo: el último juego, Todos los Títulos.

Sacamos los títulos a medida que van saliendo y los metemos sí o sí en la impro.

¿Qué quiere el público? Que salga el suyo.

¿Qué hacemos? Sacarlos todos sí o sí.

¿Cuál es el resultado final? Impro decepcionantemente caótica.

Nótese que la reacción del público no se corresponde con las ganas que tenían de que saliera el suyo.

Se han comido un plato de chuches. Buenísimas. Pero ahora les duele la tripa.

En cambio: sacrificamos el 50% de los títulos, que no salen.

¿Qué piensa el público a corto plazo? Decepción…

Pero cuando facilitamos el transcurso de la impro con menos inputs y mejor jugados, el pensamiento del público a largo plazo es: qué buena impro. A pesar que no haya salido mi título.

Se han comido el plato de brócoli y ahora están culturalmente sanos.

No hay que darle lo que quiere, sino lo que necesita.



lunes, 15 de noviembre de 2021

La Llama School (3)

 Cerramos con este artículo la primera trilogía de La Llama School.

Volviendo a los alumnos de la Llama que aparecen en los directos, hay otro comentario que se repite con frecuencia, y no solo en estos streamings, también en el entorno general de aprendizaje de stand up.

El personaje.

¿Qué personaje eres en escena? Vamos a decir que el stand up es un género asequible. Ha estado de moda, ha marcado una generación, es barato, sencillo de entender y programar, y ofrece una vara de medir inmediata como es la risa del público. Se rien = es bueno.

Eso, a mi modo de ver, es falaz. Pero ese es otro tema…

Al ser una disciplina asequible, las primeras preguntas que surgen y que están relacionadas con el mundo de la escena, resuenan con fuerza entre los novatos. La pregunta es simple pero jodida: ¿quién soy?

No me malinterpretéis, es una buena pregunta para definir tu estilo y para empezar a recorrer camino artístico. Es necesaria. Temo, no obstante, que muchos de estos novatos se acojan a esta pregunta de una forma superficial, se ciñan a una premisa vulgar y frívola, en baja resolución, y no ahonden realmente en quiénes pueden ser, encontrando precipitadamente en un par de open mics unas respuestas que les satisfacen. ¿Cómo hacerles entender que este proceso no acaba jamás, que este proceso de conocerse va en paralelo a la puta vida entera? Igual no se trata de saber qué personaje eres, sino de ir descubriendo cuales puedes ser. Todos somos infinitas máscaras, no es nada sencillo.

Enlazándolo con impro, establezco un paralelismo sencillo y para qué engañarnos, poco reflexionado:

En impro, el personaje que tú eres es del que beben todos los personajes que propongas. De manera que quizá, por oposición a ellos, por escucha y por factor random explorador de la escena que implica la propia improvisación, casi de forma involuntaria te descubres a través de tus personajes.

En impro no hay que pensar en la pregunta ¿quién soy? La propia impro te obligará a explorarla.

No dejéis de visitar La Llama School. No me pagan eh, pero es un buen pozo de sabidurías.




lunes, 1 de noviembre de 2021

La Llama School (2)

 Seguimos con la trilogía de la Llama. Ya sabéis que mi alma destructiva se inclina más a las valoraciones chungas que a las positivas, pero aun así me cubriré el culo recomendándoos la escuela. Cada vez que empiezo un curso sé que algo voy a sacar, y así es. Me atrevo específicamente a recomendaros el de Tomás Fuentes.

Quiero hablaros hoy del de Patricia Espejo, cómica de stand up con muchos años de trayectoria, dedicada exclusivamente al oficio y con un buen lugar entre el panorama.

Patricia explica en La Llama que ella procura no consumir mucha comedia para no acogerse a demasiados referentes y alejarse un poco del resto de stand up.

Hmm…

Sinceramente, no sé decidirme por esta opción. Sobre el papel, parece matemáticamente funcional. Si no tienes referentes, sólo te puedes parecer a ti mismo en el escenario. Así se empiezan las disciplinas y se consolidan.

Pero de igual forma, los referentes sirven de puntos de anclaje desde donde conocerte a ti mismo y seguir explorando. Exigen algo de ti, y es que no trates de emularlos persiguiendo simplemente su mismo éxito o prestigio o habilidad. Pero no está mal dejar que algo de ellos forme parte de ti, y te descubras a partir de sus ingredientes.

Quizá la tortilla de patatas con cebolla no existió sin la tortilla de patatas normal, ¿me explico?

Una enseñanza más de la Llama School, que como dije su mejor lección es el trabajo personal de cada artista que aparece.



viernes, 15 de octubre de 2021

La Llama School (1)

 Hola, volvemos a improboratoriear y esta vez os traigo una trilogía de la Llama School, la escuela de vídeos online y encuentros en streaming con personalidades del mundo de la comedia en España. Hace unos 6 meses que estoy inscrito y he realizado aproximadamente la mitad de los cursos, quizá algunos más cuando estáis leyendo esto.

La verdad que en cuanto a contenido hay varios que son realmente interesantes, pero creo que empieza a funcionarte profesionalmente cuando has visto muchos y empiezas a hacerte una idea promedio de cómo trabajan los profesionales. La libertad, fidelidad de estilo, desapego en ocasiones, obsesión en otras…

Haré un artículo cuando esté al día de todos los cursos para una mayor accuracy, pero por ahora expondré opiniones de los que he visto. El primero de los cuales, dicho sea de paso, fue el de Impro con Judit Martín de Impro Barcelona, ¡grande!

En los encuentros streaming que se realizan, hay aprendices inscritos que pueden hacer preguntas a conocidos cómicos de stand up o guionistas como Tomás Fuentes o Martí Piñol. Concretamente lo que comento a continuación creo recordar haberlo visto en ambos.

Me fascinó un tipo de pregunta que se suele formular bastante entre los alumnos:

- ¿Cuánto tiene que durar…? ¿Cuántos chistes tiene que haber…? ¿Cuánto tiempo entre bloque y bloque…? ¿Cuántos minutos tardo en…?

Uau… Me sigue costando ponerme en el lugar de un principiante, ¡pero sobretodo si se tiene en cuenta la cantidad de contenido que hay de fácil acceso, y la cantidad de referencias con las que hacerte una idea propia!

No existe esta cuadrícula por la que preguntan, este abc de la comedia que cuenta en valores aritméticos la cantidad de chistes por minuto, de palabras por chiste o de letras por palabra. Compañeros, no existe. Cada artista encuentra su voz de una forma profundamente personal, y esa voz propia es la que acaba resonando entre el público. Con su experiencia particular, su recorrido individual y sus propios descubrimientos.

¿Cuántos minutos? Observa la cadencia de chistes de Jerry Seinfield y compárala con un discurso de George Carlin sin chiste de 4 minutos. ¡No hay normas! Hay expresiones personales.

No sé hasta qué punto es preocupante para toda una hornada de cómicos que se acojan a tanto consejo cuadriculado. Siento que es empezar la casa por el tejado. Estar en un escenario exige comprender las normas escénicas más básicas y luego transformarlas con tu propio mundo interior. De la misma forma que uno no es doctor porque sepa cómo usar un bisturí, pero sí lo es un poco más cuando lee a Epicuro. En la base más pura, la esencia teatral, están los secretos creativos. Y me temo que La Llama School aún se encuentre a años luz de la commedia dell’arte, por ejemplo.

Aún así, no me atrevo a dar consejos. Veremos en qué desemboca esta comedia instruida en La Llama, ¡esperemos que sorprenda!



viernes, 1 de octubre de 2021

La desbrozadora Shakespeare

 Cómo me gustan las metáforas de jardinería. Últimamente estoy muy a tope con la desbrozadora, esa máquina sencillísima que despeja un área llena de maleza y airea un jardín. Os recomiendo este canal de youtube para ver a pleno rendimiento una buena desbrozadora.

Cambio de tema.

Es una vergüenza que durante este curso pasado desconociera tanto a Shakespeare. Lo digo porque le he puesto remedio, sino no lo comentaría, obviamente. He adquirido varias de sus obras y he estado leyendo, releyendo, aprendiendo y analizando a este autor.

No sólo diré que es de lo más grande que he leído en teatro (seguramente lo MÁS, en realidad) sino que lo que he leído después de Shakespeare, ha sido mejor.

Shakespeare es la desbrozadora del teatro. Su equilibro entre artificio y simplificación es exactamente lo que la escena necesita. Los Todopoderosos tienen mucha razón en algo, nos hemos inventado mil historias sobre la misteriosa figura de Shakespeare porque es más fácil acogerse a una fantasía sin razón que comprender que toda esa genialidad pueda emerger de una sola mente.

Suelo ser bastante iconoclasta y buscarle el punto débil (a veces reconozco que irracionalmente) a grandes obras o ídolos. Pero William Shakespeare es sencillamente perfecto. Con sus errores y sus incoherencias de guión. Es increíble.

Puedes literalmente sentir cómo el teatro cambia en tu cabeza cuando entiendes sus obras. Y como dijo Alix Gentil de la compañía The Modestos de Barcelona, cuando más he aprendido sobre impro es cuando he realizado cursos que no eran sobre impro.

Yo espero que, siguiendo esa fórmula, vea cómo el jardín de mi impro se despeja con la desbrozadora Shakespeare.




miércoles, 15 de septiembre de 2021

Una Mala Experiencia

No, no es clickbait. Osea, sí. Pero es real.

Ha pasado ya el tiempo suficiente para poder hablar de esta experiencia vivida en una actuación de impro, puesto que creemos que el tema ha sido zanjado. Pero debo reconocer que el mal trago no nos lo evitó nadie. Trataré de resumir la situación sin un solo nombre, para luego analizar el resultado y motivos.

Actuación programada para las 18:30 en un pueblo de Catalunya, fiestas. Todo aparentemente muy correcto, bien preparado a nivel logístico, y personal de organización cercano y atento.

Antes de llegar al pueblo, nos pusimos al día sobre sus noticias.

Encontramos una información sobre el pueblo que a nivel cómico tenía material, era interesante. Daban nombres y apellidos de implicados en un caso judicial que por lo visto terminó sin problema hacía ya años, de modo que sin ahondar más, recogimos la info como buenos improvisadores para tener soportes creativos con los que personalizar la experiencia para las buenas gentes de ese pueblo. Siempre funciona.

Efectivamente, en las impros salieron los personajes de las noticias. Gente real, habitantes. Fue un bolo caluroso en pleno agosto y el sol de tarde en la cara, pero bien solventado a 2 improvisadores.

Al terminar el bolo, se acerca, para nuestra sorpresa, la familia del individuo de la noticia, sin demasiadas buenas formas. Tremendo altercado a la vista…

- ¿Cómo se os ocurre decir esas cosas sobre esta persona del pueblo? Es una buena persona y sólo os habéis mofado sin tenernos a nosotros en cuenta. Incluso habéis hecho llorar a su hijo pequeño.

En esta compañía llevaríamos 7 años cumplidos la semana siguiente al bolo, y jamás nos habíamos enfrentado a eso. Bajamos la vista y nos disculpamos mil veces, a ellos, a la organización y a algún mensaje posterior que nos llegó por redes. Fue duro. Nos sentimos fatal. Y por mucho que pensáramos en mil razones por las que justificar el tono de nuestras impros, el carácter de la compañía, el humor, la ironía y nuestra buena voluntad de hacerles pasar un buen rato por encima de todo, no podíamos argumentar nada. Ni una palabra. ¿Por qué?

Análisis:

La ofensa apela a los sentimientos humanos. Si los removemos, reaccionarán. Y lo único que puede calmar los sentimientos es la comprensión. Exponer, hablar, razonar, comunicarse y alcanzar puntos de entendimiento en que ambas partes puedan decir: te entiendo.

Pero ese día fatídico en el que usamos un personaje público en nuestras impros con la esperanza de que todos entendieran nuestra ironía, buen rollo y sátira ácida, no pudimos prever que una de las posibilidades era hacer llorar a un niño.

A un niño no se le puede hacer razonar explicando los mecanismos del humor. No puedes hacerle entender los porqués que hay detrás de sus compañeros del pueblo mofándose de él porque la compañía de impro ha ridiculizado a su padre. Un niño no tiene armas para razonar y enfrentarse a lo que siente. Y quien mejor comprende eso es su madre, que por cierto estaba presente en la bronca. Nos desarmó. No podíamos hacer otra cosa que disculparnos y tragarnos la diatriba teórica sobre comedia moderna, sátira y parodia.

¿Qué podemos aprender para próximas ocasiones, aparte de informarnos bien sobre el pueblo y empatizar con sus habitantes antes de un bolo?

Pues que la próxima vez que te ofendas por algo, procura tomarte un momento para reflexionar y entender la situación. Quizá te estés ofendiendo porque a tus 20, 30 o 50 añazos resulta que no tienes armas para comprender la situación y lloras como un crío ante algo que te hace sentir mal.

Razona antes de sollozar. Los niños no pueden, pero tú sí.



miércoles, 1 de septiembre de 2021

Resumen del año lectivo

 Voy a tratar de exponer el aprendizaje del año en que oficialmente he realizado más clases presenciales y, creo, he aprendido más de enseñanza. Lo reduciré a lecciones, aunque en el momento que escribo esto aún no sé cuántas serán, ni si será la forma óptima. Prometo no borrar estas palabras y volver a ellas en caso de que finalmente no funcione para informaros del nuevo modo de exposición de este año.

Lección 1: Estudia bien la forma de mantener el interés por tu materia.

Está bien que una escuela presencial divida por trimestres y muestras de trabajo, te da una dirección en la que trabajar. Pero trabaja cómo mantener el interés por el estudio, especialmente en grupos no profesionales. El aburrimiento brota de la voluntad de ser demasiado buen profesor. Sé sencillo, avanza lentamente, y guárdate lo mejor para el final de curso.

Lección 2: No subestimes a los jóvenes.

Sobretodo. Que sean chavales no significa que no puedan abordar textos con palabrería complicada, personajes profundos y escenas que sean un reto. Deja que la escena en sí exija, y ellos decidan/descubran hasta dónde llegan.

Lección 3: Nada de lo que te curres cae en un saco vacío.

Si trabajas, saben apreciarlo. Saben apreciar que la clase esté estudiada, saben apreciar que escribas algo personalizado, saben apreciar las horas que inviertes en adaptarles un texto. Tanto la escuela como los alumnos. Es así.

Lección 4: Repite juegos. Es necesario.

La innovación mola, pero vuelvo a Chejov. El público no aguanta una línea recta mucho rato. Innovar constantemente no deja de ser una línea recta. Dedica una clase a repetir todo, insistir, descubrir a través de recorrer nuevamente el camino.

Lección 5: Aunque a ti te parezca normal, ellos alucinan.

Tenlo muy en mente. Recuerda qué ejercicios se grabaron en tu memoria hace 12 años cuando estudiabas. Los que más se graban son los más absurdos, que tiempo más tarde se convierten en grandes lecciones. Las plataformas imaginativas funcionan, impulsan la creación. Insiste en esos juegos.

Lección 6: Ser agradable y correcto es más fácil de lo que parece.

No te preocupes por ser correcto en la clase. Sé tú mismo por encima de todo, no busques necesariamente el respeto o el prestigio sino la comodidad. Hacer impro tiene que ser divertido ante todo, y de la diversión debe nacer el interés. No tardes demasiado en explorar con quién conectas, a final de curso puede ser tarde.

Mira, al final ha funcionado el método. Soy consciente que este artículo es más checkpoint para mi yo de los cursos que vienen, pero ha sido interesante repasarlo.

El curso que viene, más.